Un inmueble arrendado sin mantenimiento pierde valor despacio, hasta que un día aparece un arreglo grande. La prevención casi siempre sale más barata que la reparación.
Lo que revisamos cada año
- Humedades: techos, paredes de baños y cocina, ventanas. Una humedad pequeña detectada a tiempo es un arreglo sencillo.
- Instalaciones hidráulicas: llaves, sifones, empaques, tanques de sanitarios.
- Instalaciones eléctricas: tomas, interruptores, tablero de breakers.
- Gas: si el inmueble tiene gas, la revisión periódica que exige la empresa prestadora.
- Calentador: estado y mantenimiento según el fabricante.
- Carpintería: puertas, closets, bisagras, chapas.
- Ventanas: vidrios, rodamientos y sellos.
Entre un arrendatario y otro
Es el mejor momento para:
- Pintar.
- Hacer arreglos que no se pueden hacer con el inmueble ocupado.
- Revisar con calma todo el inventario.
- Tomar fotos nuevas para la próxima promoción.
Quién paga qué
Según la ley de arrendamiento de vivienda urbana, las reparaciones locativas del uso normal suelen corresponder al arrendatario, y las reparaciones necesarias, al propietario. Lo ideal es que el contrato lo deje claro con ejemplos.
Pídele al arrendatario que reporte a tiempo
Un buen arrendatario reporta los problemas. Facilítale un canal claro para hacerlo y responde rápido: si siente que reportar no sirve, deja de hacerlo, y el daño crece.
Lleva un registro
Anota cada arreglo con fecha, valor y quién lo hizo. Te sirve para planear, para la declaración de renta y para demostrar el estado del inmueble si algún día lo vendes.
Lo que gana tu patrimonio
Un inmueble bien mantenido se arrienda más rápido, atrae mejores arrendatarios y se vende mejor. El mantenimiento no es un gasto perdido: es parte de cuidar tu inversión.